“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba…Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, sino me bendices”. Génesis 32:24,26
“Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo”. Robert Browning (1812- 1889) Poeta inglés
La vida es una lucha. Hemos sido puestos en la tierra, en este mundo, para luchar (aunque el propósito original de Dios no fue así). Sin embargo, por cuanto entró el pecado al mundo y con él el mal, ¡tenemos que luchar! Sí, LUCHAR CONTRA EL MAL. Así lo entienden mejor las pequeñas criaturas de Dios, como la oruga; que queriendo abandonar para siempre su estado de arrastre de gusano en este mundo, decide ir por su transformación. Transformación a una nueva criatura: ”Una hermosa mariposa”, con capacidad de volar libremente y poder posarse en las mejores flores del campo y absorber su dulce néctar y oler sus mejores aromas. Pero, para que esto suceda, primeramente “tiene que luchar”, luchar dentro de su capullo que lo envuelve, y que con “mucha violencia y a fuerza de voluntad” (Mateo 11:12) logra romper las capas de su capullo, para finalmente, salir de su interior, hermosas alas que le permitirán volar para ¡nunca más arrastrarse por este mundo!
Cuántos de nosotros, a pesar de ser seres racionales, creados a imagen y semejanza de Dios, nos arrastramos por este mundo cayendo en los engaños del diablo; convenciéndonos de que no hay nada más que hacer, y que aspirar a una vida mejor, de libertad, productiva y feliz, es inútil: “Nos robó el espíritu de lucha” (Juan 10:10).
Aceptamos cualquier tipo de vida que nos imponen las fuerzas del mal, sin poder hacer ni siquiera un poco de resistencia (Santiago 4:7). Como el alcohólico, que acepta su vida como tal; o el viciado en las drogas, que se acerca a su fin; o el que está metido en la prostitución, o cualquier persona que se siente vencido por el mal y el poder del pecado.
En la Biblia, aprendemos “cómo luchar” bajo el ejemplo supremo de nuestro Señor Jesucristo, quien luchó hasta la muerte, para vencer la “muerte misma”.
Jesús se presenta en todo el libro del Apocalipsis como el “Vencedor por excelencia”, por eso, el Señor nos dice: que si pasamos por esta tierra, por este mundo, no debemos salir de ella “vencidos” por el mal y el pecado, sino “victoriosos”, al igual que Él, que pudo vencer (Apocalipsis 3:21). Con su ayuda - Él lo promete y lo afirma - Venceremos (Romanos 8:37).
Del mismo modo, en la Biblia, vemos también cómo sus discípulos aprendieron a luchar siguiendo su ejemplo y repitieron la victoria del Señor en sus vidas. Esto mismo Jesús espera de nosotros, que repitamos SU VICTORIA en cada una de NUESTRAS vidas.
¡Prepárate para la lucha!, porque las “alas” de la libertad – del espíritu - están prestos para brotar de tu interior. Amén.
“El hombre ha nacido para luchar, y es como se le define mejor diciendo que es un guerrero nato y que su vida desde el principio al fin no es sino una batalla”. Thomas Carlyle (1795-1881) Historiador, pensador inglés.


